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18 agosto 2026

ANTE LA PÉRDIDA DE UN SER MUY QUERIDO…


“¿Qué pasa con una madre que pierde a un hijo?
¿Siente acaso su presencia, de la misma manera
Que los amputados siguen notando el miembro ausente?”


Éric de Kermel (1963 - …)


POEMA DEL AMANECER

Es la hora de las campanas,
cuando se cierran los abismos.

Con la luz de la madrugada
vuelven al mundo los caminos.

Vuelve el murmullo de los árboles,
el silencio de las espigas.

Vuelven las manos lentamente,
hacia las páginas del libro.

Vuelve la realidad perfecta
de tu presencia sin olvido.


Maruja Vieira (Colombia, 1922 - 2023)



Foto de Fernando Lavin en Unsplash
Cuando leí esas palabras de Kermel, recogidas en su libro “La librairie de la place aux herbes”, en España presentado, con muy mal criterio, como “La librería de los deseos”, tenía muy fácil responderlo. Y no porque yo sea madre (que es imposible, pero que tampoco he sido padre, a pesar de mi entrañable amor por los niños y mi vocación no suficientemente encauzada de educador) sino porque he acompañado estos últimos años a un familiar mío, madre, en la pérdida de su hijo.

Y no me extenderé en tratar el tema. Es realmente sencillo. La madre de la que hablo siente que su hijo está cerca, le habla, e incluso está totalmente segura de que estuvo en su presencia durante una prueba médica, aunque no de forma física, sino en espíritu. Concretamente cuando se le realizó una resonancia magnética.

Podría pensarse que esta madre es creyente en alguna religión, lo cual es totalmente incierto. O se podría pensar que lleva una intensa vida espiritual, lo cual descarto, porque al mencionar hace poco tiempo la importancia de tener una vida espiritual rica, me pidió que le explicara a qué me refería con eso.

No, simplemente es una madre que perdió a un hijo por un cáncer de pulmón que se extendió por todo el cuerpo, que estuvo a su lado hasta el último momento, cuando la mirada de su hijo se convirtió en una súplica de que le dejaran morir en paz, porque vivir se había convertido en un tormento. Y esa mirada suplicante se convirtió en una herida que acepta y con la que convive, pero que no se cierra.

Solo es una madre que amaba, y ama, a su hijo… Una maravillosa madre, por cierto. Y una maravillosa prima. Y una maravillosa amiga. Una maravillosa persona…

Lo verdaderamente real se esconde tras lo que creemos imposible…


Emilio Muñoz
Spiritualis...

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(original autentificado)



Keith Kenniff - Portraits pt 2
(por jybh012 - when all the warmth leaves us)



2 comentarios:

  1. La marcha de un hijo es la peor experiencia para una madre, mi corazón se partió, el tiempo ha ido pasando y el dolor se amortigua poco a poco. Nunca jamás se olvida.
    Mi niño está a mi lado siempre con su espíritu junto con mi espíritu. Así hasta la eternidad.
    Emilio me has dado una lección de amor por lo bien escrito y entender mi caso y las miles de Madres.
    Muchísimas gracias primo de parte de mi niño y mío.GRACIAS GRACIAS

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  2. Hay Emilio, me dejas sin palabras,
    con una sensacion inimaginable,
    por esa perdida de un hijo, debe de
    ser inborrable por el sentimiento
    vivido con el y el dolor de su partida,
    sin palabras mi amigo.

    Besitos dulces

    Siby

    ResponderEliminar

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